Jugar a ser grandes

Jugar es una actividad inherente a todas las edades y la que más disfrutan nuestros hijos, es también una de las actividades más importantes porque a través del juego aprenden, desarrollan su imaginación, usan sus sentidos y también es un trampolín para aprender cosas nuevas, todo esto paralelamente al desarrollo de sus habilidades sociales.

La imitación es la emulación de conductas, jugar “a ser grandes” no es simplemente un juego, porque el niño aprende a través de esta imitación. El niño observa, imita y aprende haciéndolo con mucha naturalidad y satisfacción. Utilizan toda su imaginación enseñándoles a tomar el lugar del otro, y promoviendo a crear muchas situaciones e historias que representan en su juego.

Al jugar a ser grandes se identifican con su género, el niño quiere ser como papá, se pone sus zapatos, quiere ponerse camisa, corbata, se va a “trabajar”, hasta imita su forma de hablar. La niña imitará a mamá, se peinará, querrá pintarse la uñas, el rostro, usar sus zapatos, todo igual que ella.

Imitar roles sociales es necesario para el desarrollo del niño, asimilando la realidad, roles y comportamientos de los mayores, aprenden a desenvolverse en el futuro. Consolidan su identidad, contribuye al proceso cognitivo y a crecer intelectualmente.

También es una forma de mostrar la admiración que sienten hacia la persona que imitan,  por lo que debemos tener mucho cuidado en nuestra conducta, si el niño nos observa expresándonos agresivamente, hiriendo a los demás, insultando; es decir, un mal comportamiento, ellos harán lo mismo en su juego y lo asimilarán a su propia conducta. Otro punto para tener cuidado es que muchas de las actividades de los adultos pueden ser peligrosas para los pequeños; por ejemplo, si nos ven cocinando querrán hacerlo también, debemos tener cuidado que realicen estas labores con supervisión de los adultos y no descuidarnos para que no nos vayan a sorprender y los encontremos solos en la cocina tratando de manipular las ollas, cuchillos y otras cosas peligrosas para ellos.

A partir de los dos años, en la etapa preescolar la imitación es una característica que sobresale. Mediante este tipo de juego ellos asumen roles de personas que admiran, que tienen como modelo, generalmente los padres o las personas que los cuidan, que son con los que conviven y los que están más cerca de ellos. Este aprendizaje por observación e imitación no es exclusivo de la edad preescolar, sino que a esta edad se inicia con fuerza, pero se continua dando toda la vida, pero como su entorno habrá cambiado, los modelos ya no serán los padres, sino probablemente amigos, conocidos, personajes que admiran, es decir ellos mismos seleccionarán a los modelos por determinadas características que los hayan impactado.

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Un comentario Dejar un comentario ›

  • camila
    12 noviembre 2008

    a mi me gustaria q todos tuvieramos la misma edad y no enviejesamos
    puxa seria muy bueno
    xao saludoss pozzz

    jejeje

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