Mie 23 Ago 2006
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Cuando los niños aprenden a pensar por sí mismos obtienen numerosos beneficios, ellos serán capaces de resolver sus propios conflictos, evitar los obstáculos que se les presenten, prever consecuencias de sus actos, saber qué hacer frente a diversas situaciones y saber por qué lo hacen. Esta capacidad requiere de mucha creatividad e imaginación por parte del niño; los padres juegan un rol fundamental en la adquisición de esta capacidad, los cuales deben orientar a sus hijos a aprenden “cómo pensar” siendo un error frecuente que los padres les digamos “qué pensar”. El diálogo es la base para la independencia del niño, de una buena conversación el niño aprenderá a pensar y razonar, se debe comenzar desde temprana edad y no esperar hasta la adolescencia para hacerlo Puedes compartir con él tus anhelos, contarle tus sentimientos y propiciar en el diálogo motivándolo a que te diga lo que piensa, o sus ideas, obviamente los temas deben estar a nivel de su edad, como por ejemplo: qué raza de perro escogerán como mascota, a dónde irán a pasear el fin de semana, etc. Cuando los padres valoran la opinión de sus hijos, incrementan su autoestima, confían en sus propias decisiones y son capaces de enfrentar sus problemas.
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Cuando el niño es pequeño tienen la capacidad de crear ideas que justifiquen sus deseos (qué decir para que no les sirvan la ensalada de brócoli, qué decir para no ir a dormir, etc.) y se les podrán ocurrir innumerables pretextos para conseguir lo que quieren, muchos de ellos llenos de fantasía; conforme van creciendo, esta capacidad es opacada por el hecho que el niño se centra en querer dar una respuesta correcta a los adultos, o dar la respuesta correcta a sus compañeros para formar parte del grupo, convirtiéndose en seguidores de los demás.
















