castigo-hijos.jpgAntiguamente era común pegarle a los niños de tan sólo un año para que aprendan lo bueno, malo y peligroso; y pegarles aún más fuerte y por más razones si se trataba de un niño mayor (travesuras, malas calificaciones, etc.). Era una costumbre que imperaba hasta en las escuelas.

A partir del año, los niños gatean o caminan, tienen una mayor área de acción y nosotros no podemos estar pegados a ellos para ver si están haciendo algo malo o peligroso. Algunos podrán contratar una niñera que esté cada minuto junto al niño, ella podrá enseñarles lo bueno, lo malo y lo peligroso, pero no es muy recomendable porque no le permite al niño aprender a desenvolverse solo.

Para un niño que tiene la capacidad de entender lo que le dicen sus padres o adultos será menos complicado, pero en el caso de niños pequeños, de un año de edad que aún no pueden comprender bien lo que se le dice, es complicado porque no tienen la capacidad de comprender bien lo que les decimos y por otro lado debemos enseñarles lo bueno, lo malo y lo peligroso desde temprana edad, de lo contrario cuando tengan 4 ó 5 años será mucho más difícil corregirlos.

Pegarles a los pequeños para corregirlos no es una manera eficaz de disciplinarlos, lo que se consigue es que los niños no hagan travesuras o acaten alguna orden  por temor a que les vuelvan a pegar. A diferencia de niños más grandes, los más pequeños no entienden que se les está pegando porque están cometiendo una falta, ellos sólo llegan a comprender que se les pegó cuando hicieron algo, es una impresión tan grande para ellos que opaca la enseñanza y por más que se les pegue por la misma falta, no llegarán a comprender el por qué, dificultando el aprendizaje de lo bueno y lo malo.

Todo extremo es malo, e igual funciona para el castigo físico, una palmada en la mano o en las nalgas puede justificarse cuando se trata de un niño que no entiende bien y se encuentran frente a una situación de peligro. Imagíne que su niño constantemente se dirige al tomacorriente, inclusive hasta puede sacar los tapones de seguridad, cómo le explica que le puede pasar una descarga eléctrica?, por más que lo retire del lugar, le explique una y otra vez del peligro, la curiosidad del niño imperará. Sólo le quedará decirle un tajante “no”, alejarlo del peligro y darle una palmada en la mano.

Se debe tener cuidado al darle la palmada o nalgada en no exagerar la fuerza (a veces los ánimos están caldeados y los adultos se descontrolan), no se trata de generarles dolor ni darles una paliza, sino de una incomodidad que llame su atención. Una vez que el niño puede comprender ya no justifica la fuerza para corregirlo.

Un punto importante a tener en cuenta es que si bien es justificable un castigo físico leve, éste no debe ser parte del día a día, si usted nota que la mayor parte del día se la pasa corrigiendo a su hijo, es un signo de que algo anda mal, probablemente el niño esté llamando su atención haciendo esas cosas; será entonces el momento de hacerse de la vista gorda en cuestiones irrelevantes, castigar sólo si se trata de una situación de peligro y pasar más tiempo compartiendo con su hijo jugando, paseando o realizando actividades.

Los niños aprenden con el ejemplo, el castigo físico constante puede generar un ejemplo de violencia que formará a ser parte de la forma en que ellos resolverán sus problemas, sin tener en cuenta otros métodos para tal fin, también el niño pierde el respeto hacia la persona que lo golpea constantemente, crearle problemas psicológicos y de autoestima; y hasta puede dejar de querernos.

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